Guiada por un antojo, he llegado hasta el restaurante- bar “La trajinera”. La entrada, que se asemeja a las fachadas de esas barcazas mexicanas, me invita a pasar a éste establecimiento de gastronomía mexicana de reciente apertura en Barcelona.

Las trajineras son unas pequeñas barcas adornadas con guirnaldas y flores típicas de Xochimilco. Los mexicanos las suelen usar para dar paseos por los canales de éste barrio popular en las afueras de la Ciudad de México. Mientras se recorre alguno de los 9 canales, se acercan otras trajineras con Mariachis, comida, flores, o bien ropa típica para vender.
El restaurante tiene mesas de mimbre y capacidad para unas 100 personas. La luz tenue, las paredes envueltas en recortes de revistas (pósters de películas, publicidad e iconografía mexicana como los famosos luchadores) y las rancheras, me trasladan sin escalas a cualquier ciudad de este país tan exquisito.
Me invitan a sentar en una mesa y me ofrecen la carta. Con ella empiezan las preguntas típicas… “¿qué plato no tiene picante?” “¿el Chile Chipotle es muy picante?” “¿de qué está hecho el Mole?”. Observo que la pareja que está en la mesa de al lado no sabe qué elegir. En cambio yo lo tengo clarísimo.

Como os contaba, una de las razones por las que hoy estoy sentada aquí es por un antojo. Antojo de la tradicional Sopa de Tortilla (tiritas fritas de tortillas de maíz, aguacate, queso fresco, crema y chile pasilla) y Enchiladas (tortitas de maíz fritas con pollo bañadas en salsa roja o verde y gratinadas). La carta en su conjunto es un placer para aquel que le gusta probar sabores nuevos. Entre Guacamole, Fajitas, Pozole, Tacos, Quesadillas y Enchiladas entiendo que la pareja no pueda decidirse.
Llega el primer plato y ni bien lo apoya en la mesa, su aroma me lleva de viaje. A la sopa le añado el queso, el aguacate, un poquito de crema y ¡listo para degustarlo! El segundo plato huele igual de bien, pero está caliente y hay que esperar unos minutos. Las enchiladas de pollo destacan por su elaborada presentación y por su colorido que alude a la enseña nacional. Contiene salsa roja (tomate, cebolla, ajo, chile), salsa verde (tomate verde, cebolla, ajo, chile) y queso gratinado. Lo acompaño con una “Michelada”, bebida típica mexicana que se prepara mezclando cerveza, jugo de limón, sal y jugo sazonador para michelada (salsa tabasco o picante).
Llega el momento del postre, pero por ésta vez, no pido nada. Será la excusa perfecta para volver y probar esos crepes de cajeta (dulce de leche tradicional elaborado con leche de cabra) que tan buena pinta tienen.
En Barcelona hay varios sitios de comida mexicana, pero pocos como éste. Aquí los platos no están pensados para turistas ni se mezcla con la comida tejana. En La Trajinera los sabores son originales. Si no fuera porque llegué con la línea 1 del metro, creería que estoy en el país del picante. La atención recibida es de lujo. Una combinación perfecta entre la amabilidad y la calidez latinoamericana que siempre se distingue.
En definitiva, se pueden degustar diferentes platos de una tradición culinaria centenaria, con precios que oscilan entre los 20 ó 30 euros por persona. La noche de los miércoles, jueves, viernes y sábados se tiñe de sombreros y guitarras. Y si es tu cumpleaños, Los Mariachis ¡te cantan Las Mañanitas!
Avda. Gran Vía de les Corts Catalanas 459,
08015 Barcelona.
Tel. + (34) 93 426 53 94.